Lo que Off Campus me recordó sobre la recuperación
- kgnutricion2
- 4 days ago
- 3 min read

Hace unos días terminé de ver Off Campus en Netflix. Y no lo voy a negar, me chiveé un poquito/mucho con Garrett y Wellsy :)
Había algo muy tierno en la manera en que se escuchaban, en cómo respetaban límites. En la forma en que podían pedir permiso, esperar y dar espacio cuando el otro no estaba listo. Y mientras veía la serie, me encontré pensando en algo que escucho con frecuencia en mi trabajo con familias que acompañan la recuperación de un trastorno de la conducta alimentaria.
Muchas familias llegan buscando la frase correcta, la respuesta correcta. Y es completamente comprensible. Cuando alguien que amamos está sufriendo, queremos ayudar, aliviar el dolor, encontrar algo que haga que las cosas sean un poco más fáciles.
Sin embargo, hay algo que la investigación sobre apego, trauma y relaciones humanas lleva mucho tiempo mostrándonos: las experiencias de sentirnos vistas, escuchadas, respetadas y acompañadas tienen un enorme potencial reparador.
No porque otra persona nos sane, ni porque tenga todas las respuestas. Sino porque la seguridad también se construye en relación. Y cuando nos sentimos más seguras, muchas veces resulta más fácil volver hacia nosotras mismas.
Volver a escuchar nuestras necesidades.
Volver a sentir nuestras emociones.
Volver a confiar en nuestras señales internas.
Volver a habitar nuestro cuerpo.
Durante años he trabajado acompañando personas con trastornos de la conducta alimentaria. Y aunque sigo creyendo profundamente en la importancia de la restauración nutricional, la atención médica y muchas de las intervenciones conductuales que forman parte del tratamiento, con el tiempo he tenido que reconocer algo que no siempre es cómodo admitir.
Yo también estuve muy enfocada en encontrar la intervención correcta, la explicación y la herramienta precisa. Y aunque todo eso tiene valor, muchas veces me resultaba más fácil actuar que permanecer. Más fácil enseñar que escuchar, y más fácil ofrecer una solución que sentarme junto a la incertidumbre o el dolor de otra persona.
No porque no respetara a mis consultantes, sino porque me importaban y me dolía verlas sufrir. Y porque, como les ocurre a muchos padres, también me resultaba difícil tolerar la sensación de impotencia.
Con los años he aprendido que acompañar no siempre significa hacer más, a veces significa permanecer.
Escuchar.
Respetar el ritmo de la otra persona.
Confiar en que no todo necesita resolverse en este instante.
Hace algún tiempo escuché una idea en una formación sobre Embodied Recovery que se quedó conmigo. La propuesta era que, en ocasiones, un sistema necesita nutrirse de otras maneras para poder recibir plenamente la nutrición que la comida ofrece.
Obvio la comida importa muchísimo. Pero los seres humanos necesitamos más que nutrientes para florecer.
Necesitamos sentirnos seguros, necesitamos conexión y pertenencia. Relaciones donde podamos mostrarnos vulnerables sin miedo a ser corregidos inmediatamente. Y experiencias en las que alguien pueda escuchar nuestro dolor sin apresurarse a resolverlo.
Y creo que eso fue justamente lo que me conmovió de la serie. No que los personajes se salvaran mutuamente. Sino que podían permanecer presentes mientras el otro atravesaba algo difícil.
Porque, al final, muchas veces la persona que tenemos enfrente no necesita que eliminemos su dolor de inmediato, muchas veces lo que necesita es saber que no está sola. Que hay alguien capaz de atestiguar su experiencia sin intentar apresuradamente cambiarla.
Y aunque eso puede parecer algo pequeño, sospecho que algunas de las experiencias más reparadoras ocurren precisamente ahí, en esos momentos en los que alguien descubre que puede ser visto, respetado y acompañado mientras atraviesa algo difícil.
Porque quizá una de las cosas que más nutren a un ser humano no es solamente aquello que consume. Quizá también son los vínculos que le permiten sentirse lo suficientemente seguro como para volver a sí mismo.




Comments