El cerebro, la ansiedad y los TCA: comprender el circuito
- kgnutricion2
- May 15
- 5 min read
Cuando comencé a aprender más sobre neurobiología y sobre la manera en la que funciona nuestro cerebro, pude empezar a comprenderme más.
Entender que muchos patrones no aparecen “porque sí”, sino porque el cerebro aprende, automatiza y busca protegernos, cambió la forma en que me relacionaba conmigo misma.
Y muchas veces es desde esa comprensión (más que desde la culpa o la exigencia) que podemos comenzar a acercarnos a un cambio, si es que sentimos que ese cambio es necesario para nosotros.
Bendita sea la neuroplasticidad.
¿Por qué ciertos patrones pueden sentirse tan automáticos y difíciles de cambiar?
Muchas veces, cuando experimentamos ansiedad, miedo, angustia o sensación de amenaza, el cerebro busca rápidamente formas de disminuir ese malestar. Y cuando algo genera alivio (aunque sea momentáneo) el cerebro aprende.
Aprende: “esto me ayudó a sentirme más seguro/a.” Y por eso tiende a repetir esa respuesta una y otra vez.
Con el tiempo, la repetición va fortaleciendo ciertos circuitos hasta que las respuestas comienzan a sentirse automáticas, rígidas o difíciles de detener.
A veces el alivio dura minutos, a veces dura horas. Pero si una conducta logra disminuir aunque sea un poco la ansiedad o la sensación de amenaza, el cerebro toma nota.
¿Cómo se relaciona esto con los trastornos de la conducta alimentaria?
Muchas conductas presentes en los TCA cumplen una función reguladora. Conductas como evitar, compensar, controlar, restringir, rumiar, buscar certeza, o incluso recurrir a la comida para regular emociones o disminuir malestar pueden cumplir funciones bastante reguladoras para el sistema nervioso. Muchas veces disminuyen momentáneamente la ansiedad, la angustia o la sensación de amenaza.
Para algunas personas, la sensación de seguridad aparece en el control y la restricción. Para otras, puede aparecer momentáneamente al comer, desconectarse o anestesiar emociones a través de la comida.
Aunque las conductas puedan verse distintas externamente, muchas veces comparten una función similar: intentar disminuir malestar, amenaza o desregulación emocional.
Aunque a largo plazo puedan impactar profundamente la salud, el bienestar y la calidad de vida, el alivio inmediato actúa como reforzador.
El cerebro aprende de ese alivio.
Y justamente por eso estas conductas pueden sentirse tan necesarias, automáticas o difíciles de soltar. Porque muchas veces no se sostienen solamente por “querer hacerlas”, sino porque en algún momento ayudaron a sobrevivir.
A veces el trigger no es la comida
Con frecuencia pensamos que los triggers en un TCA son únicamente alimentos, peso o imagen corporal.
Pero muchas veces los triggers tienen más relación con estados emocionales internos.
Por ejemplo:
Incertidumbre.
Miedo al rechazo.
Vergüenza.
Exigencia.
Cmparación.
Sensación de pérdida de control.
Conflicto.
Desconexión emocional
Emociones difíciles de sostener.
No todas las personas experimentan los mismos triggers, y muchas veces estos pueden ser muy sutiles o difíciles de reconocer al inicio.
El tronco que ayudó a sobrevivir
La psicóloga Anita Johnston utiliza una metáfora que me parece poderosa para comprender muchos trastornos de la conducta alimentaria.
Habla de las conductas del TCA como un tronco al que una persona se aferra mientras siente que se está ahogando.
Ese tronco ayudó a sobrevivir. Dio sensación de control, certeza, alivio, anestesia o estructura en momentos de mucho dolor, miedo o desregulación.
El problema es que llega un momento en el que ese mismo tronco comienza a convertirse en el obstáculo entre la persona y la orilla. Y ahí aparece una de las partes más difíciles de la recuperación: la ambivalencia.
Porque muchas veces las conductas se sienten necesarias y agotadoras al mismo tiempo.
Protegen, pero también limitan.
Y poco a poco, la persona comienza a notar que aquello que alguna vez le ayudó a sobrevivir quizá ya no le está permitiendo vivir de la manera en que quisiera: con más libertad, presencia, conexión o alineación con sus valores.
Y quizá una de las partes más compasivas de esta metáfora es que Anita Johnston no habla de “soltar el tronco” de manera abrupta.
Habla de comenzar, poco a poco, a alejarnos un poco de él. A veces intentar movernos distinto por algunos momentos. A veces probar nuevas formas de sostenernos. A veces regresar al tronco cuando el miedo todavía se siente demasiado grande.
Porque para que el sistema nervioso pueda empezar a flexibilizar ciertos patrones, muchas veces primero necesita experimentar algo de seguridad.
Y eso rara vez ocurre desde la fuerza, la vergüenza o la exigencia.
Muchas veces ocurre desde la práctica gradual, la presencia, el acompañamiento y experiencias repetidas que le permitan al cuerpo aprender que quizá existen otras maneras de mantenerse a salvo.

Comprender el circuito cambia la forma en que nos relacionamos con el síntoma
Te dejo esta imagen porque a veces visualizar estos procesos ayuda a comprendernos con un poco más de claridad y menos juicio.
Entender cómo se refuerzan estos circuitos puede ayudarnos a comprender por qué ciertas respuestas pueden sentirse tan automáticas, arraigadas o difíciles de modificar.

Entonces… ¿cómo empezamos a acercarnos al cambio?
Cuando un patrón lleva mucho tiempo repitiéndose, rara vez cambia de manera inmediata.
Y muchas veces el primer paso no es “simplemente dejar de hacerlo”.
El primer paso suele ser comenzar a notar.
Notar:
Qué activa el circuito.
Cómo se siente el cuerpo.
Qué emoción aparece.
Qué intenta resolver la conducta.
Hay personas que sienten que “de pronto ya lo hicieron” antes siquiera de notar qué estaban sintiendo. Por eso, antes de la pausa, suele venir la observación.
Y con el tiempo, esa observación puede ir creando una pequeña brecha entre el trigger y la respuesta automática.
Muchas veces es dentro de esa pequeña brecha donde comienza a aparecer la posibilidad de responder distinto.
Y sí… esto suele tomar tiempo
Porque cuando algo lleva mucho tiempo doliendo, claro que aparece el deseo de querer solucionarlo ya. Es natural que aparezca la prisa por sentirnos mejor, por dejar de sufrir o por poder vivir con más libertad.
Pero los patrones que el cerebro ha repetido y reforzado durante mucho tiempo rara vez cambian de forma inmediata.
La neuroplasticidad existe, pero requiere repetición, práctica, experiencia y paciencia. Y aunque el proceso rara vez es lineal, eso no significa que no esté ocurriendo un cambio.
El cambio no ocurre solamente “echándole ganas”
También es importante reconocer que los sistemas nerviosos no existen en el vacío. Muchas veces, para que una persona pueda comenzar a flexibilizar ciertos patrones, su sistema necesita experimentar más seguridad, regulación y apoyo. Y eso puede verse distinto para cada persona.
A veces incluye:
Vínculos más seguros.
Descanso.
Estabilidad.
Acompañamiento terapéutico.
Tratamiento interdisciplinario.
Medicación.
Reducción de daño.
Contextos que disminuyan amenaza constante.
Porque hay personas viviendo bajo niveles muy altos de estrés, violencia, precariedad, discriminación o vigilancia corporal constante.
Y en contextos profundamente gordofóbicos, capacitistas, racistas o atravesados por cultura de dieta, muchas respuestas del sistema nervioso no aparecen “de la nada”.
Comprender esto no significa perder esperanza de cambio, sino reconocer que acercarnos a procesos de recuperación o sanación rara vez es un camino completamente individual o lineal.
Algunas veces, nuevas respuestas pueden verse así:
“No necesito resolver esto inmediatamente.”
“La ansiedad está alta; eso no significa necesariamente que exista peligro.”
“Puedo tolerar incertidumbre sin actuar impulsivamente.”
“Mi cerebro aprendió esta estrategia para protegerme.”
“Si algo ocurre, podré afrontarlo cuando llegue el momento.”
“No necesito obedecer automáticamente al miedo.”
Comprender el circuito cambia la forma en que nos relacionamos con el síntoma.
Referencias y materiales que inspiraron este contenido:
Hildebrandt, T., Bacow, T., Markella, M., & Loeb, K. L. Anxiety in Anorexia Nervosa and its Management Using Family-Based Treatment.
Metáfora del “tronco” de Anita Johnston para pensar la ambivalencia y la función protectora de ciertas conductas en los TCA. https://youtu.be/q1POMr34tvU?si=ofBFur8CUoYkvh-C




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